La Antártida

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La Antártida y la investigación científica

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La Antártida ha sido el último continente descubierto por el hombre, la última frontera. Las extremas condiciones climáticas en él existentes han producido un aislamiento del ser humano que hasta no hace mucho tiempo no ha sido posible romper.

Temperaturas medias que varían entre los -30 ºC y -65 ºC, llegando a registrarse el mínimo de temperatura terrestre en la base rusa Vostok con -89,2 ºC; vientos de 70 Km/h de velocidad media, con ráfagas habituales de hasta 190 Km/h; llegando a registrarse vientos de 300 Km/h en la base argentina Esperanza, han hecho de este continente el lugar más frío y ventoso del planeta. En este continente, que tiene aproximadamente el tamaño de Europa, están el 75% del agua dulce y el 90% del hielo de la Tierra y es el de mayor altitud media con una altitud media de unos 2500 metros sobre el nivel del mar; si se descongelara todo este hielo el nivel medio del mar subiría entre 60 y 65 metros sobre el actual con la consiguiente modificación de la línea de costa y el riesgo para las poblaciones costeras; constituyendo una de las causas principales que motivan los estudios sobre la dinámica de los glaciares.

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Atardecer en Caleta Cierva

La Antártida, consecuencia de la deriva continental de Gondwana, se extiende alrededor del Polo Sur, y está inscrita, casi en su totalidad, dentro del Círculo Polar Antártico; quedando únicamente la Península Antártica y las islas adyacentes a ella fuera de este significado paralelo. Toda la parte central del continente es una inmensa meseta central de unos 3000 metros de altitud, que está divida en dos partes: por un lado la zona oriental o Antártida Mayor y por otro la zona occidental o Antártida Menor; ambas están separadas por una cadena montañosa de 4800 Km/h, las Montañas Transantárticas, que unen el Mar de Wedell y el Mar de Ross. Ambos mares están limitados por grandes barreras de hielo que generan la mayor parte de los témpanos que navegan por los mares circundantes.

La extrema rigurosidad del clima antártico, el hecho de que el continente antártico esté rodeado de mares profundos de dificultosa navegación y el agrupamiento del continente entorno al Polo Sur han preservado la Antártida y la han mantenido ajena al ser humano hasta tan solo hace 400 años.

Fue en 1603 cuando se tuvieron las primeras noticias de un continente más allá del Cabo de Hornos; y fue el almirante Gabriel de Castilla quién al cruzar el Estrecho de Drake deriva hacia el sur y avista “altas montañas cubiertas de nieve hasta el mar”. Es el primer avistamiento de lo que posteriormente se denominarán las Islas Shetland del Sur. Posteriormente fueron numerosos los navíos que voluntaria o involuntariamente navegaron por el Estrecho de Drake. En 1773, el capitán James Cook cruza el Círculo Polar, llegando a circunnavegar el continente antártico. Aún sin avistar tierra deduce su existencia por las rocas que se encontraban incrustadas en los témpanos a la deriva. Durante el siglo XIX se constata la presencia en las islas Shetland de Sur de buques a la caza de focas peleteras. Estas rutas son celosamente guardas por motivos obvios de competitividad entre las diversas navieras. En 1819, El navío San Telmo al mando del capitán Rosendo Porlier tiene averías en el cruce del Cabo de Hornos y deriva naufragando en islas de la Antártica, en concreto en la parte norte de la isla Livingston. Iban 644 hombres. Ese mismo año, Smith encuentra restos del buque en Cabo Shirreff y en la isla Media Luna. De forma simultánea al conocimiento de nuevas zonas de caza, se realizan expediciones para descubrir nuevas tierras con nuevos focos de riqueza. En este sentido destacan las expedición rusa de Bellingshausen, la norteamericana de Wilkes, la francesa de Dumont D’Urville y las británicas de Wedell y de Ross. Es a finales del siglo XIX y principios del XX cuando coincidiendo con el inicio de la caza y explotación ballenera en la Antártida se establece la “carrera por la conquista del Polo Sur”. Expediciones dirigidas por Roal Admunsen y por Robert Scott se dirigen en paralelo a hacia una misma meta. Distintas concepciones logísticas llevan a resultados muy diferentes; trineos tirados por perros esquimales por un lado y equipos mixtos de perros y ponies siberianos por otro. Admunsen llega el primero al polo Sur el 14 de diciembre de 1911, mientras que Scott lo haría un mes después. Al regreso glorioso del primero se contrapone la tragedia ocurrida en el regreso de Scott y su grupo, donde mueren los cinco participantes en la expedición británica. Shacklenton es sin duda el personaje que mejor encarna al héroe antártico. Participante en anteriores expediciones antárticas; en 1914 pretendiendo unir el mar de Wedell y el mar de Ross a lo largo de las Montañas Transantárticas, su buque el Endurance queda atrapado en la banquisa. Durante casi un año anduvieron flotando por los hielos, encontrándose a 580 km. de tierra firme. Deciden poner rumbo a la isla Elefante, y desde allí parten 6 hombres en un bote de 6 m. Navegan 1300 Km. por el Estrecho de Drake hasta llegar a las islas Georgias del Sur. Shackleton vuelve a por el resto de sus hombres a borde del buque chileno Yelcho. En el Endurance va un cámara de cine, Frank Hurley, que rueda y fotografía los acontecimientos incluyendo el hundimiento del barco. Es un documento histórico.

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Instalación del sismógrafo de banda ancha en la isla Livinsgton

A lo largo del siglo XX se intensifica la explotación económica de los mares antárticos, donde además de buques roqueros y balleneros se establecen factorías para el tratamiento inicial de los productos procedentes de la caza de focas y ballenas. El desarrollo de estas actividades y en previsión de explotación de futuras riquezas algunos estados reclaman su soberanía sobre parte del territorio de la Antártida. Por una parte, se prolongan sus meridianos fronterizos hasta el Polo Sur, como por ejemplo, Chile, Argentina, Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido; por otro se justifican en expediciones más o menos exitosas, como Noruega, Francia o Rusia. La zona más conflictiva es sin duda la Península Antártica y el Archipiélago de las Shetland del Sur que es reclamada por Argentina, Chile y Reino Unido; llegándose a producir enfrentamientos entre británicos y argentinos en la isla Decepción. Estas reivindicaciones han permanecido más o menos vigentes hasta recientemente en que tratados internacionales ha hecho que remitan estas pretensiones.

Después de la Segunda Guerra Mundial empiezan a crearse bases y estaciones científicas sobre todo para llevar a cabo las observaciones internacionales que se habían de realizar durante la celebración del Año Geofísico Internacional en 1957.

Los antecedentes de la investigación científica antártida se remontan a la celebración del Primer Año Polar que se celebró en 1882 y en el que se realizaron observaciones de meteorología y magnetismo al igual que en el Segundo Año Polar celebrado en 1932. En 1897 se realiza la primera expedición científica internacional comandada por el belga Adrian de Guerlache que se ocupó de la exploración del estrecho que lleva su nombre. A esta primera expedición la siguen otras con el fin de realizar estudios topográficos, geológicos, biológicos, meteorológicos, glaciológicos y oceanográficos. Nombres como Scott, Shackelton, Drygalski, Bruce, Charcot y Nordenskjöld han quedado unidos para siempre a la investigación científica antártica.

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Musgos

En 1958 durante la celebración del Año Geofísico Internacional se declara la Antártica como área especial para la investigación; estableciéndose 50 estaciones geofísicas donde se realizaron observaciones meteorológicas, geodésicas, geofísicas y oceanográficas. Para coordinar las actividades científicas que se realizaran durante esta campaña internacional se creó ese mismo año el Comité Científico de Investigaciones Antárticas, denominado SCAR. Este organismo está formado por grupos de trabajo en los principales campos científicos, ocupándose del análisis y de la planificación de las necesidades de conocimiento en las diversas áreas; y recomendando las líneas de investigación prioritarias.

Esta colaboración internacional deviene en la firma en diciembre de 1959 del Tratado Antártico en donde los gobiernos de 12 países, Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, Sudáfrica y la extinta Unión Soviética, establecen las bases para la convivencia pacífica en la Antártida. España se adhiere como miembro de pleno derecho en junio de 1982. En él se reconoce que en interés de toda la humanidad la Antártida se utilice siempre y en exclusividad con fines pacíficos y no constituya objeto ni escenario de disputas internacionales y la importancia de las contribuciones aportadas al conocimiento científico como resultado de la cooperación internacional en la investigación científica en la Antártida durante el Año Geofísico Internacional.

En consecuencia se acuerdan para las tierras, barreras de hielo y mares existentes al sur de los 60º de latitud sur entre otros los siguientes aspectos:

 – La Antártida se utilizará exclusivamente para fines pacíficos, prohibiéndose cualquier tipo de actividad militar excepto la participación de equipos militares en investigaciones científicas o apoyo logístico a estas.

 – Se acuerda el intercambio de información sobre los proyectos de programas científicos que se realicen en la Antártida, el intercambio de personal científico entre estaciones y expediciones antárticas y el intercambio de observaciones y resultados científicos sobre la Antártida.

 – No se exige la renuncia a las reivindicaciones territoriales pero no se aceptarán nuevas ni se ampliarán las ya existentes.

 – Queda prohibida toda actividad nuclear y la eliminación de residuos radiactivos.

 – Libre circulación de inspectores y observadores que garanticen los términos del tratado en estaciones, navíos y aeronaves con base de operaciones en la Antártida.

A partir de la entrada en vigencia del Tratado Antártico, en 1961, se firman otros acuerdos internacionales con el fin de puntualizar y profundizar en aspectos recogidos en el propio tratado. Así, se celebra en Bruselas, en 1964, la convención para la protección de la flora y la fauna antártica estableciéndose “especies protegidas”, “zonas especialmente protegidas” y “sitios de especial interés científico” con el subsiguiente protocolo de acceso y permanencia en los mismos; en Londres, en 1972, se celebra la convención para la conservación de las focas antárticas y en Camberra, en 1980, tiene lugar la convención para la conservación de los recursos vivos marinos antárticos.

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Témpano en pirámide

Pero, no es hasta 1991 cuando se establece el denominado “Protocolo de Madrid” que viene a incrementar la protección al medio ambiente antártico y a los ecosistemas asociados; refuerza al Tratado Antártico para garantizar que la Antártida siga utilizándose exclusivamente para fines pacíficos; recuerda la designación de la Antártida como Área de Conservación Especial; reconoce las oportunidades únicas que ofrece la Antártida para la observación científica y la investigación de procesos de importancia global y regional; reafirma los principios de conservación de los recursos vivos marinos antárticos y reivindica el interés que para la humanidad en su conjunto posee el desarrollo de un sistema de protección del medio ambiente de la Antártida y de los ecosistemas dependientes y asociados a ella. Este protocolo ha entrado en vigor en enero de 1998.

Para el cumplimiento de estos objetivos, en este protocolo se acuerda entre otros los siguientes aspectos:

 – La Antártida es una reserva natural consagrada a la paz y a la ciencia.

 – Todas las tareas que se planifiquen y realicen en el Área del Tratado Antártico deberán tener como consideración fundamental la protección del medio ambiente antártico y los ecosistemas dependientes y asociados incluyendo sus valores de vida silvestre y estéticos y su valor como área para la realización de investigaciones científicas.

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Mantenimiento de la estación receptora de satélites GPS

Las actividades que se realicen en el Área del Tratado Antártico deben limitar el impacto medioambiental, evitando efectos perjudiciales sobre la climatología y la meteorología; sobre la calidad del agua y del aire, sobre el medio ambiente atmosférico, terrestre incluyendo el acuático, glacial y marino; sobre la distribución, cantidad o capacidad de reproducción de las especies o poblaciones de especies de la fauna o la flora; y que se eviten peligros adicionales para las especies o poblaciones de tales especies en peligro de extinción o amenazadas, y que se evite la degradación o el riesgo sustancial de degradación de áreas de importancia biológica, científica, histórica, estética o de vida silvestre.

 – Toda actividad deberá presentar la información suficiente que permita evaluaciones previas y un juicio razonado sobre su posible impacto en el medio ambiente antártico. Tales juicios deberán tener en cuenta: el alcance de la actividad, duración e intensidad; el impacto acumulativo de la actividad; y si se cuentan con medios capaces de acudir y solventar con prontitud los accidentes que pudieran causar efectos sobre el medio ambiente.

 – La actividad científica será prioritaria a cualquier otra que se planifique y desarrolle.

 – Cualquier actividad relacionada con los recursos minerales, salvo investigación científica, queda prohibida.

 – Queda prohibida la toma o cualquier intromisión perjudicial en la fauna y en la flora nativa antártica salvo para investigaciones científicas y la introducción de especies no autóctonas.

 – Se reducirá la cantidad de residuos producidos en el área del Tratado Antártico y se expresan los métodos de tratamiento más adecuado para cada tipo de ellos; realizándose además un listado de productos contaminantes prohibidos.

 – Se establecen los protocolos de actuación para el manejo de residuos y combustibles a bordo de buques y aeronaves.

 – Se establecen Zonas Antárticas Especialmente Protegidas en donde las actividades se prohibirán, se restringirán o se administrarán según unas pautas especiales que garanticen la protección de los valores científicos, históricos o naturales; así como las investigaciones científicas que en ellas se estén desarrollando.

 – Estas zonas según diversos criterios como pueden ser el que hayan permanecido libres de toda inferencia humana, que sean ejemplos representativos de los principales ecosistemas terrestres, incluidos glaciales y acuáticos, y marinos, que posean conjuntos importantes o inhabituales de especies, que sean el único hábitat conocido de cualquier especie, que sea sitio o monumento de reconocido valor histórico o ejemplo sobresaliente de características geológicas, glaciológicas o geomorfológicos.

 – Queda terminantemente prohibido el acceso a estas zonas excepto para fines científicos.

 – Se establecen Zonas Antárticas Especialmente Administradas con el fin de coordinar las actividades que en ella se realicen, evitar los posibles conflictos y reducir al mínimo los impactos ambientales.

Bajo estas premisas, la participación científica española en la Antártida se inicia con acciones individuales de investigadores quienes participan en proyectos de investigación liderados por otros países; así, el Dr. Ballester, biólogo marino participa en 1966 en una expedición belga que además se encargaría de desmontar a base belga existente. Con posterioridad el Dr. Ortiz, vulcanólogo, participaría a partir de 1986 en campañas argentinas en la isla Decepción. En esas mismas fechas, el mencionado Dr. Ballester y la Dra. Castellví participan en una expedición polaca, llevándoles a establecer al año siguiente, en 1987, la Base Antártica Española Juan Carlos I en la isla Livingston. De esta manera comienza el asentamiento permanente de la ciencia española en la Antártida. En 1988, el Ministerio de Defensa organiza una expedición de geodestas, hidrógrafos, geofísicos y logísticos que está coordinada por el entonces director del Real Instituto y Observatorio de la Armada, Dr. Catalán. En 1989 se establece en la isla Decepción la Base Antártica Española Gabriel de Castilla. La creación del Plan Nacional de Investigación en la Antártida dentro del Ministerio de Ciencia y Tecnología, en 1990 y la botadura del Buque de Investigación Oceanográfica Hespérides y la participación del Buque Las Palmas vienen a completar las plataformas de apoyo a la investigación que se realizan en la Antártida.

Las líneas de investigación que el Plan Nacional de Investigación en la Antártida establece en la actualidad son: Geología, Geofísica y Geodesia; Glaciología; Estudio integrado de ecosistemas; Oceanografía Física y Química; y Ciencias de la Atmósfera. Numerosos proyectos de investigación se llevan a cabo cada verano austral haciendo que avance el conocimiento científico de este hermoso continente y del planeta en su globalidad.

Fuente: 2.uca.es/grup-invest/antartida

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